La «vergüenza» del proletariado
Y del lado de las «ambiciones», un «kit» de «Godínez mirrey», que incluye un frasco de loción de «marca» , una comida o un café en el Starbucks, una prima vacacional «jugosa», «tener para el enganche del auto», llegar a ser el gerente o el «propio jefe». Además de señalar, de manera velada, la miseria emocional en el trabajo , este tipo de epítetos, el de «Godínez», se ha convertido en un estigma social. En efecto, su sentido es totalmente peyorativo, sinónimo de tener muchas ambiciones pero sin «éxito social», de ser «uno más del montón», un «asalariado» o, algo mucho peor, un «pobre prole» . En efecto, ser un «Godínez», un asalariado o un proletario , en la sociedad actual, dominada por un ethos realista , que sólo reconoce como triunfo el éxito individualista expresado en la posesión de una multiplicidad cósica y basada en el mito de que «poseer dinero es igual a ser inteligente» , es sinónimo de «desprestigio social», de algo que debe mantenerse en silencio aunque en el fondo todo el mundo lo sepa y se esfuerce por no saberlo, por mantenerlo oculto, reprimido, denegado.
En este panorama de enajenación, el surgimiento de una conciencia de clase se antoja muy remoto.
La mistificación
Las respuestas que puedan darse a las preguntas planteadas dependerán en gran medida de lo que los sujetos en cuestión puedan saber sobre lo que significa ser un proletario, y de las condiciones históricas que lo hacen posible. Con mistificación queremos dar a entender aquí ese hecho ideológico, discursivo pero también material, que oculta la esencia de las cosas, en este caso, la esencia de las relaciones sociales que permiten la existencia, por ejemplo, de los «Godínez», que las distorsiona y las presenta como lo que no son, que las pone al revés, como meras representaciones, colocándolas de manera inauténtica, como sólo un mal remedo de lo que las posibilita, fundamenta y pone en movimiento. Ello no implica que eso que realmente es nos resulte halagüeño y pueda gustarnos o no. Es un trabajo que nos ayuda a quitar las ilusiones, los «adornos y rosas» colocados sobre nuestras cadenas para ocultarlas. Después de todo, diría Rosa Luxemburgo, el «esclavo que no ve sus cadenas no podrá romperlas». Sin embargo, importa apuntar que el telos del pensamiento crítico siempre ha sido tirar las cadenas y quedarnos con las flores , pues como veremos en futuras entregas, tanto éstas como aquéllas fueron producidas por nosotros mismos.
Un viejo proletariado
De tal manera, la clase del proletariado producía toda la riqueza de la sociedad. Pero no cualquier clase de proletariado, sino sólo el industrial, el único realmente existente según estos marxismos, caracterizado por ser explotado de manera productiva en las grandes fábricas burguesas. Tal proletariado «algún día», organizado, consciente y dirigido por una elite de «revolucionarios profesionales», haría la revolución mundial, acabaría con el gran capital e impondría una dictadura del proletariado en un «Estado obrero».
En resumen, el problema principal, o uno de los problemas principales del capitalismo es la explotación a los trabajadores. El problema también es del proletariado y la mistificación del salario, una lucha muy difícil de ganar donde las propuestas van aumentando según el paso del tiempo.
THE «SILENCE OF THE PROLETARIANS». THE MYSTIFICATION OF WAGES AND CAPITALIST SLAVERY
The «shame» of the proletariat
Y del lado de las «ambiciones», un «kit» de «Godínez mirrey», que incluye un frasco de loción de «marca» , una comida o un café en el Starbucks, una prima vacacional «jugosa», «tener para el enganche del auto», llegar a ser el gerente o el «propio jefe». Además de señalar, de manera velada, la miseria emocional en el trabajo , este tipo de epítetos, el de «Godínez», se ha convertido en un estigma social. En efecto, su sentido es totalmente peyorativo, sinónimo de tener muchas ambiciones pero sin «éxito social», de ser «uno más del montón», un «asalariado» o, algo mucho peor, un «pobre prole» . En efecto, ser un «Godínez», un asalariado o un proletario , en la sociedad actual, dominada por un ethos realista , que sólo reconoce como triunfo el éxito individualista expresado en la posesión de una multiplicidad cósica y basada en el mito de que «poseer dinero es igual a ser inteligente» , es sinónimo de «desprestigio social», de algo que debe mantenerse en silencio aunque en el fondo todo el mundo lo sepa y se esfuerce por no saberlo, por mantenerlo oculto, reprimido, denegado.
In this scenario of alienation, the emergence of class consciousness seems very remote.
The mystification
The answers that can be given to the questions posed will depend to a great extent on what the subjects in question may know about what it means to be a proletarian, and the historical conditions that make this possible. By mystification we mean here that ideological fact, discursive but also material, which hides the essence of things, in this case, the essence of the social relations that make possible the existence of, for example, the «Godinez», which distorts them and presents them as what they are not, which turns them upside down, as mere representations, placing them inauthentically, as only a bad imitation of what makes them possible, fundamental and set in motion. This does not imply that what it really is is flattering to us and may or may not please us. It is a work that helps us to remove the illusions, the «ornaments and roses» placed on our chains to hide them. After all, Rosa Luxemburg would say, the «slave who does not see his chains cannot break them». However, it is important to note that the fabric of critical thought has always been to throw away the chains and keep the flowers, for as we will see in future deliveries, both these and those were produced by ourselves.
An old proletariat
In this way, the class of the proletariat produced all the wealth of society. But not just any class of proletariat, but only the industrial class, the only one that really exists according to these Marxisms, characterized by being exploited in a productive way in the big bourgeois factories. Such a proletariat «one day», organized, conscious and led by an elite of «professional revolutionaries», would make the world revolution, wipe out big capital and impose a dictatorship of the proletariat in a «workers’ state».
In short, the main problem, or one of the main problems of capitalism, is the exploitation of the workers. The problem is also that of the proletariat and the mystification of wages, a very difficult struggle to win where the proposals increase with the passage of time.