Se debe a sus propuestas de políticas, que incluyen medidas en pro de las empresas, como reformas fiscales, desregulación e incentivos a la inversión.
La elección de Donald Trump ha generado un sinnúmero de sorprendentes estadísticas. Ray Dalio, jefe del fondo de cobertura de Bridgewater, analizó las biografías de la nueva administración y descubrió que los ocho funcionarios más altos tienen un total de 55 años de experiencia gubernamental, la mayor parte de la cual fue en el ejército. El equipo de máximo nivel de Barack Obama tenía 117 años de experiencia colectiva. Sin embargo, el equipo de máximo nivel de Trump ha pasado un total colectivo de 83 años en el ámbito de los negocios.
Los nombramientos de menor envergadura que actualmente se están haciendo refuerzan ese patrón. Esta semana, por ejemplo, Trump puso la Comisión de Bolsa y Valores en manos de Jay Clayton, un abogado del sector privado que nunca ha trabajado en el gobierno. Se pudiera sugerir que algunos de los nombramientos de Trump dicen más acerca de su estilo que del contenido de sus políticas, ya que prefiere escoger a personas de una inclinación similar a la suya, específicamente a individuos ajenos al gobierno que odian los procesos burocráticos y que enfatizan los resultados tangibles. Pero no está claro si un equipo de «hacedores» tendrá una ideología coordinadora y, mucho menos, las habilidades diplomáticas necesarias para ser capaz de lograr algún resultado con el Congreso.
También es alarmante que el nombramiento de este equipo de alto nivel no haya detenido las críticas populistas antinegocios de Trump. Esta semana, General Motors estaba en la mira de los tuits de Trump . Este no es el comportamiento normal de un presidente a favor de los negocios. Y lo que llama la atención es que todos los ejecutivos con los que he hablado recientemente se sienten decididamente optimistas.
«Lo que me ha impresionado durante las últimas semanas es el cambio en los ‘espíritus animales’ en los negocios, tanto pequeños como grandes», me comentó esta semana David Cote, el presidente y director ejecutivo de Honeywell. Esto se debe parcialmente a las propuestas de políticas de Trump, las cuales incluyen medidas en pro de las empresas, como las reformas fiscales, la desregulación y los incentivos a la inversión. Aunque nadie sabe si Trump realmente logrará hacer algo , los líderes empresariales pueden ver el cambio simbólico que representan esos nombramientos al gabinete. «Estamos a punto de experimentar un profundo cambio ideológico liderado por el Presidente», argumenta Dalio.
«Esto pudiera tener un impacto mucho mayor sobre la economía estadounidense de lo que se pudiera calcular basándose únicamente en cambios en las políticas tributarias y de gastos públicos, porque pudiera animar a los ‘espíritus animales’». Tal optimismo puede que sea inapropiado. El punto clave para los inversores es observar lo que el equipo de ejecutivos de alto nivel de Trump realmente realiza en el campo de las políticas durante los próximos meses y también lo que compañías como GE hacen con sus planes de inversión. Eso no es solo por los tuits populistas de Trump.
Pero si las compañías estadounidenses se están preparando para desatar más inversiones, como dice Immelt, esto pudiera ser verdaderamente significativo, sobre todo teniendo en cuenta que los gastos de capital han sido tan decepcionantemente débiles durante los últimos años.
Trump revives the ‘wild’ spirits of global capitalism
This is due to its policy proposals, which include pro-business measures such as tax reforms, deregulation and investment incentives.
The election of Donald Trump has generated a number of surprising statistics. Ray Dalio, head of Bridgewater’s hedge fund, analyzed the new administration’s biographies and found that the eight top officials have a total of 55 years of government experience, most of which was in the military. Barack Obama’s top-level team had 117 years of collective experience. However, Trump’s top-level team has spent a collective total of 83 years in business.
The smaller appointments currently being made reinforce that pattern. This week, for example, Trump put the Securities and Exchange Commission in the hands of Jay Clayton, a private-sector lawyer who has never worked in government. It might be suggested that some of Trump’s appointments say more about his style than the content of his policies, since he prefers to choose people of a similar inclination to his own, specifically individuals from outside the government who hate bureaucratic processes and emphasize tangible results. But it is not clear whether a team of «doers» will have a coordinating ideology, much less the diplomatic skills needed to be able to achieve any results with Congress.
It is also alarming that the appointment of this high-level team has not stopped Trump’s populist anti-business criticism. This week, General Motors was in the crosshairs of Trump’s tweets. This is not the normal behavior of a pro-business president. And what’s striking is that all the executives I’ve spoken to recently are feeling decidedly optimistic.
«What has impressed me over the past few weeks is the change in ‘animal spirits’ in business, both large and small,» David Cote, Honeywell’s president and chief executive officer, told me this week. This is partly due to Trump’s policy proposals, which include pro-business measures such as tax reforms, deregulation and investment incentives. While no one knows if Trump will actually get anything done, business leaders can see the symbolic change these Cabinet appointments represent. «We are about to experience a profound ideological shift led by the President,» argues Dalio.
«This could have a much greater impact on the U.S. economy than can be calculated based solely on changes in tax and public spending policies, because it could encourage ‘animal spirits. Such optimism may be inappropriate. The key point for investors is to look at what Trump’s senior executive team is really doing in the policy arena over the next few months and also what companies like GE are doing with their investment plans. That’s not just because of Trump’s populist tweets.
But if American companies are preparing to unleash more investment, as Immelt says, this could be truly significant, especially given that capital expenditures have been so disappointingly weak over the past few years.